23 Feb 2006
by Engelin Angel Nocturno
Es hora, se repite, tratando de no empezar a correr presa del pánico. Muchas decisiones se arremolinan frente suyo y tiene que recordar que los ángeles no huyen y que no puede seguir poniendo mentiras y excusas de barreras. El camino fácil se cierra cada vez más sobre ella, y ella sabe lo que significa. Que no hay más tiempo, que la hora llegó y que no importa cuánto haya aprendido o le falte por aprender es la hora de comenzar la partida.
Observa las cartas sobre la mesa y toma la carta de la muerte. El cambio.
Su musa duerme en un sillón, presa de momentos que la dejaron exhausta. Sonrie, y esa sonrisa es toda la fuerza que necesita para emprender aquello que debe ser emprendido.
Su camino es claro ahora, y se sabe conocedora de esa ventaja. Tal vez ahora sí pueda aprender a tomar lo que sirve y seguir adelante sin mirar atrás, sin que esas anclas la encadenen a miles de recuerdos y arrepentimientos. La mujer que era no sabía de arrepentimientos y tampoco estaba segura del momento en que habían aparecido por vez primera. Estaban alli, eso era lo importante, y sabía que tenía que quitárselos de encima.
Tomó las cartas restantes y las ordenó prolijamente, guardándolas dentro de su estuche.
23 Jan 2006
by Engelin Angel Nocturno
Llovía, como cada tanto sucede en Buenos Aires, sobre todo en los meses de verano. Su bendición traía un poco de fresco para los acalorados habitantes del asfalto.
En el lugar en que se encontraba había ventanas. El viento frío entraba a través de ellas, y su vista podía solazarse con los árboles que se veían al otro lado. También había una vía y entonces recordó que en algún momento le encantaban las vías de tren; antes, mucho antes de que significaran lo que significan ahora.
Antes eran sinónimo de libertad. Hoy, eran sinónimo de muerte y abuso.
¿Cuántos compartían ese sentimiento de vivir encarcelados? ¿Cuántos observaban por sus ventanas? Su musa lo hacía, eso lo sabía, y sabía que se sentía encadenada, pero por otras circunstacias. Ella era capaz de ver al universo en cada esquina, y eso la maravillaba. No tanto porque pudiera hacerlo, sino porque sabía ponerlo en palabras, y ella amaba sus palabras, así como amaba sus mundos. Era conciente de que, si su musa la abandonaba, no sólo la perdería a ella, sino también a sus mundos.
Pero ya no temía eso. De hecho, en ese momento no temía nada.
Cerró sus ojos. Sólo sentía el viento entrando por la ventana y sus ansias de fundirse con ese viento. Las saboreó, se sumergió en ellas. Dejó que crecieran dentro suyo. Sintió la presión en su espalda, el deseo, la urgencia. Su piel desgarrándose limpiamente para dejar salir sus oscuras alas. El dolor que le provocaba era exquisito, orgásmico. Arqueó su espalda. Un gemido escapó de sus labios carnosos.
El viento se hizo suyo. Y ambos fueron uno y se amaron.
23 Jan 2006
by Engelin Angel Nocturno
La observó y su propio corazón se rompió con el de su musa. Aquellas lágrimas que antes no podían salir, presas de la fortaleza de esa alma que carcomían por dentro, habían abierto un desesperado camino ante la sola idea de saberse causantes de tanto daño. Sintió el puñal que había clavado como si hubiese entrado en su propio ser, y sintió la impotencia de no poder revertir el tiempo.
Pero aún así la musa amaba a su ángel y no estaba dispuesta a dejarlo.
Tanta pasión no podía dejar impasible a quien se creía maldito y su interior se abrió como una flor al rocío de la mañana. La luz penetró entonces en su interior, limpiando heridas. Y creando nuevas sombras.
Sus cicatrices eran visibles ahora, su musa podía verlas con claridad. Ella misma podía verlas con claridad, aun sabiendo que no quería hacerlo. Tanto tiempo rodeándose de oscuridad para ocultarse, para ocultar sus manchas, y ahora estaban fuera, ante los ojos de aquella que, con ternura, ignoraba sus golpes y se aferraba a ella a pesar de todo. ¡Cuánta desesperación había en aquellas lágrimas! ¡Cuánta soledad!
Ambas se aferraron mutuamente, con fuerza, sintiendo esa luz que las envolvía, que alejaba al mundo de ellas, solitarias y golpeadas criaturas. Todo lo demás, se fue fundiendo en el olvido.
23 Jan 2006
by Engelin Angel Nocturno
La frescura del aire anuncia la llegada de la lluvia. Sin hacerse esperar, una cortina gris cubre la ciudad, lavando sus calles. Su rítmico golpeteo invita a los soñadores, a los intrépidos, a aquellos que tienen un peso en el alma.
Generosa, limpia el espíritu y otorga consuelo al caido ángel que se encuentra distraido, parado bajo sus gotas, ajeno a su entorno, ignorante y a la vez conciente del mundo externo. Sus alas mojadas caen y rozan el suelo. El viento abraza su silueta y desordena sus cabellos de fuego. Parece no notarlo. Sus ojos parecen ver y no ver a la vez, fijos en una distancia imposible, atentos a una realidad invisible. Como si mirasen hacia dentro.
Caen, caen, caen las gotas… Cantan su canción infinita, atemporal, del mismo modo en que lo hicieron y lo seguirán haciendo. La misma lluvia que traía consuelo y frescura a las hediondas calles medievales, que llenaba de barro las coquetas calles coloniales, que cubre los parabrisas de los autos.
Fuera del tiempo, el ángel las ve todas a la vez. Una extraña mezcla de melancolía y paz lo sume en profundas reflexiones sobre la vida, la muerte y la libertad. Sobre su musa y aquella primera noche, en la que descubrió el verdadero significado de la palabra amor, y aquella primera mañana, también lluviosa, en que despertó en sus brazos y descubrió que nunca más se alejaría de ella.
23 Jan 2006
by Engelin Angel Nocturno
Luz en la oscuridad, reflejos borrosos en la niebla que marcan, sin embargo, un camino. Susurros en la noche que cuentan una historia de deseo me guían hasta el alma de quien espera. Desesperada, ansiosa por aferrarme de ese brillo aun débil, corro al encuentro de aquel sueño dejado de lado. Podría haberlo olvidado, destrozado, eliminado. Pero elegí sólo dejarlo de lado, aún sin saber que un día marcaría una diferencia.
¿Por qué no tomar lo que siempre quisimos si se nos ofrece generoso?
Siento que me rodea con brazos abiertos, invitantes. Me llama, me espera, me deja ser. Libre al fin, puedo abandonarme al sueño y abrir los ojos sin temor. ¿Cómo temer cuando sus manos firmes me sostienen y sus ojos me hacen la silenciosa promesa de nunca dejarme caer? Por su mirada sé que sabe tan bien como yo cuan pedregoso es el camino que escogimos, cuan solitaria puede ser la marcha y aun así no importa, aun así no me hace dudar.
Mi sueño frágil cobra vida cada noche, y cada noche camino en silencio esa distancia, segura del destino. Segura de encontrar sus ojos al abrir los míos.
23 Jan 2006
by Engelin Angel Nocturno
La ciudad gris y nublada se extiende ante mi vista. Los tenues colores del otoño se vislumbran entre el verde de las hojas que, como túneles, cruzan sus ramas sobre las calles de mi barrio. Cierro los ojos y veo el viento que sacude las hojas, la alfombra dorada sobre el pavimento estéril.
Cierro los ojos y veo el mismo dorado de sus cabellos, extendidos sobre el suave blanco de su espalda, sobre la curva gentil de su cintura y la incipiencia de sus pechos firmes. Veo también la miel de sus ojos en los dorados de las hojas, y los suaves rayos del tibio sol otoñal en el brillo de su mirada.
Respiro profundo y dejo que mis pies caminen lentamente, absorbiendo cada segundo, cada momento. Cada paso que me lleva en su dirección.