Despotricando

Sabrán disculpar el despotrique este, pero estas cosas me enervan… desde hace años estoy suscripta a un boletín que publica ofertas laborales para diseñadores del área web y multimedia y esas cosas… y no es infrecuente ver este tipo de cosas:

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Portfolios inexistentes, o de cuando faltan piezas y sobran habilidades

Llega en la vida de todo buscador de empleos y nuevas oportunidades el momento en que una búsqueda lleva a la temible situación en que… nuestra solicitud es recibida! Tenemos esa entrevista para presentar el fruto de nuestra labor, ese único momento definitorio en que nuestro trabajo ideal está al alcance de nuestra mano. Pero claro, si somos novatos el fruto de nuestra labor es escaso y si no lo somos es muy probable que nuestra carpeta de trabajos tenga la calidad de un catálogo de supermercado, esté poco actualizada o sea prácticamente inexistente. Admitámoslo, en casa de herrero, cuchillo de palo, como suelen decir las abuelas. More

El diseño antes del diseño

Muchas veces nos encontramos ante alguien que quiere/necesita un diseño o ante un diseñador perdido que busca ayuda en un foro. Ante estas situaciones muchas veces se toman decisiones de índole estética o formal que no conducen más que a una discusión que gira en torno al “me gusta” o “no me gusta”.

Pero, ¿es eso exactamente lo que debería buscar un diseño, ser sólo una cara bonita? More

DejaBoo – Red social de Cultura

DejaBooHoy les dejo otro sitio para ver, cuya propuesta me resultó sumamente interesante. Se trata de DejaBoo, un sitio planteado como una red social de cultura. Me imagino que se preguntarán qué significa eso que suena tan bonito, así que ahí va la explicación.

¿Alguna vez les sucedió que terminaron de leer un libro y no sabían por cuál seguir? ¿O que se habían entusiasmado con un tema, pero estaban perdidos acerca de cuál libro sería bueno para continuar indagando? ¿Y qué decir de cuando se estrena una seguidilla de películas y las opiniones de los críticos han dejado de parecer confiables? O cómo podría uno evaluar todos los juegos que salen al mercado y no llevarse decepciones. O saber qué cd conseguir a continuación…

Para responder a todas estas preguntas es que se creó DejaBoo. More

Proyecto 36: experimento social para mentes creativas

A las mentes creativas les comento que el experimento Proyecto 36 busca nuevos candidatos. Todo lo que se necesita es una cámara digital (puede ser una cámara de teléfono movil), creatividad y muchas ganas de mostrarle al mundo cómo es un día normal desde otra perspectiva. La idea es retratar un día normal en 36 imágenes conseguidas en 36 horas, sin necesidad de mostrar el rostro de quien participa, sino reflejando su punto de vista.

Según Siddharta, la mente tras esto y el responsable de llevar a cabo la selección y publicación de las fotos enviadas “ (…) proyecto 36 es un experimento para observar la forma en que un profesional creativo percibe el mundo en un dia normal, asi como contrastar las diferentes perspectivas que tienen los participantes del proyecto de una situación similar. Este proyecto no es un concurso, es simplemente un experimento social para mostrar como percibimos el mundo los profesionales creativos.”

Para los que quieran anotarse, pueden ingresar en Tecnoticias, donde pueden ponerse al tanto de la modalidad y los requisitos para participar.

¡Nos vemos en el proyecto!

El Trabajo Interminable

En toda profesión existe la posibilidad, y en muchos de ellos la demanda, de estimar los tiempos que lleva una determinada tarea. A veces, estas actividades son más complejas y esas tareas son agrupadas en proyectos, cuyos tiempos son más difíciles de calcular, ya que involucran estimar los tiempos de cada tarea que los componen, teniendo en cuenta que esas tareas no son siempre consecutivas, sino que tienden en muchos casos a superponerse y que existen lugares donde se requerirá un alto a esas tareas mientras se cumple alguna otra condición.
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Microsano, o el arte de…

Navegando por ahí me encontré con un término algo extraño: “microsano“. ¿Qué es eso, se preguntarán? O tal vez no, tal vez simplemente hayan asumido que se trataba de algún intento de manipulación por parte de las compañías de alimentos macrobióticos para imponer en los consumidores un nuevo estilo de vida que justifique el consumo de sus productos. O tal vez era una nueva terapia que prometía que, para estar realmente sanos debíamos sanar desde lo micro hacia lo macro (de repente me viene a la mente la imagen de una mujer con el cabello teñido de rubio, las uñas muy largas y un delantalcito que deja al decubierto sus generosos implantes… ¿Remember Giselle Rímolo?).

Pero no, se trata de un concurso. ¿Desilusionado? Bueno, tampoco es para tanto. Si quieren saber más, por lo pronto, pueden darse una vuelta por Microsano.

Publicidad, mensaje y responsabilidad

Últimamente, la publicidad no deja de sorprenderme. Especialmente, la destinada a la vía pública. Día a día y cuadra a cuadra me encuentro con productos de lo que deben ser mentes mediocres convencidas sin embargo de su propia creatividad e ingenio, inconcientes por supuesto, y esto no debería siquiera mencionarlo puesto que es demasiado obvio, de todo asomo de algún tipo de responsabilidad social por los mensajes que emiten.

Pensemos en un día tipo. Camino de la estación de subte, me encuentro con un discutible cartel, promocionando una gaseosa. Dos carteles en la serie (al menos son los que vi hasta ahora, aunque no descarto otras “genialidades” de sus autores próximamente). Uno con un mensaje que legitima la discriminación de las personas por su apariencia, al mostrar como práctica normal y aceptada el que nieguen la entrada a un lugar de esparcimiento a una persona por su rostro o su manera de vestirse. La otra, habla del engaño a las abuelas, que bien podría ser considerado una travesura, si no presentara a esta figura familiar como un ser severo, caprichoso y vengativo. Si, lo sé, no es que mi abuela sea santa de mi devoción, pero de ahí a demonizar este personaje familiar hay todo un trecho.

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¡Oh, bendita necesidad!

¿Qué puedo decir? Hoy tengo un terrible dolor de cabeza. Supongo que puedo deberlo a mi contractura de cuello, falta de una cantidad apropiada de sueño y algún que otro peso sobre mis hombros… Muchas tensiones, diría mi madre. En fin, a falta de un musculoso masajista cubierto de aceite, no me queda más que esperar alguna milagrosa panacea comprada en farmacia.

Como de todos modos debo esperar para ello, podría utilizar aquella fórmula de “no hay nada mejor para olvidar un dolor que un dolor más grande”

¿Y que dolor de cabeza más grande en esta hermosa profesión del diseño que un cliente? ¡Oh, bendita necesidad! ¿Por qué nos castigas de este modo? ¿Será que esta profesión sería bella sin este mal necesario que nos azota diariamente? Pero, dirán, ¿acaso se queja de tener clientes? No, por el contrario, desearía tener muchos más, aunque tal vez deba explicarme un poco… No es la cantidad de clientes lo que objeto, sino su calidad.

En muchos foros, weblogs, listas de correo, charlas de café y demás, diseñadores, programadores y desarrolladores cuentan experiencias con “malos clientes”, raza que actualmente, y dada la evidencia, abunda. Repasemos un poco el fenómeno.

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