Casa nueva, vida nueva – Semana 1

Los de la empresa de mudanzas acaban de irse. Son las 5 de la tarde y mi departamento parece zona de posguerra. Como si en lugar de mudarme acabara de dar una fiesta de despedida para todos mis amigos. Miro la puerta cerrada y la cama aun si hacer, alternadamente. Una última mirada a la habitación llena de libros en el suelo me convencen de dos cosas: que la cama se ve mucho más tentadora y que ser culto tiene sus desventajas. Deduzco rápidamente que el 85% de mis pertenencias se reduce a material de lectura mientras me acomodo para una siesta antes de continuar. Me lo merezco, me pasé toda la noche embalando para tener todo listo antes de que llegue el camión, a las 7 de la mañana. Mi último pensamiento intenta dilucidar quién es el sádico que permite actividades tan tempranas mientras recuerdo que fui yo misma quien los citó a esa hora. A veces tengo la leve impresión de que si tengo un enemigo, seguramente trabajo para él. More

Abril es el mes

Hola, soy Angela, la voz detrás del Angel Nocturno. Sé que últimamente estoy descuidando a mi musa alada, pero lo cierto es que la vida fuera de este espacio no me da respiro. Pero abril es el mes…

En unos días me mudo de departamento y una nueva vida comienza para mí. Una en la que espero tomar más el control de las cosas y poder empezar a tomar mis propias decisiones.

Decidí empezar mi propio camino profesional y trabajar para mí misma, para poder cosechar el fruto de lo que siembro y para poder desarrollar una vida llena de proyectos además de lo laboral. En todos estos años llegué a la conclusión de que no quiero que mi vida se limite a trabajar, trabajar y trabajar más aún. He descuidado a mis amigos y a mi familia por trabajos que no me han dejado nada, ni siquiera dinero para poder disfrutar hoy con ellos.

Quiero tiempo para ellos, y para mis propios proyectos. Para poder de una vez por todas sentarme a escribir profesionalmente. Poder terminar mis novelas y mi proyecto de cuentos cortos. Además de otros que tengo en la cabeza y a los cuales no les estoy dando tanta atención.

Si pudieran ver el panel de mi blog verían al menos 5 o 6 artículos sin terminar. No prometo una fecha, pero en cuanto pueda organizarme y termine con la mudanza y el cambio de trabajo voy a dedicarme a ellos. Concienzudamente, como hasta ahora.

También tengo algunas ideas para mi ángel, y algunas historias que me gustaría contar en este espacio. Terminé de diseñar el tema definitivo para esta página (ahora viene la parte difícil de implementarlo en el blog) y quiero implementar en este sitio varios recursos que conocí gracias a CLAB, una comunidad de la que formo parte, y en especial gracias a La100rra y a Elav, que siempre están atentos a todas las novedades acerca de Wordpress. Y una larga lista de links para agregar, de sitios que me han gustado o sitios de amigos que creo que vale la pena conocer.

Hasta entonces, les dejo mis palabras y un agradecimiento por leerme. Y como regalo, el link a la página de una amiga, dibujante e ilustradora, con su webcomic: Arkania Sinctacsi

Las cartas sobre la mesa

Es hora, se repite, tratando de no empezar a correr presa del pánico. Muchas decisiones se arremolinan frente suyo y tiene que recordar que los ángeles no huyen y que no puede seguir poniendo mentiras y excusas de barreras. El camino fácil se cierra cada vez más sobre ella, y ella sabe lo que significa. Que no hay más tiempo, que la hora llegó y que no importa cuánto haya aprendido o le falte por aprender es la hora de comenzar la partida.

Observa las cartas sobre la mesa y toma la carta de la muerte. El cambio.

Su musa duerme en un sillón, presa de momentos que la dejaron exhausta. Sonrie, y esa sonrisa es toda la fuerza que necesita para emprender aquello que debe ser emprendido.

Su camino es claro ahora, y se sabe conocedora de esa ventaja. Tal vez ahora sí pueda aprender a tomar lo que sirve y seguir adelante sin mirar atrás, sin que esas anclas la encadenen a miles de recuerdos y arrepentimientos. La mujer que era no sabía de arrepentimientos y tampoco estaba segura del momento en que habían aparecido por vez primera. Estaban alli, eso era lo importante, y sabía que tenía que quitárselos de encima.

Tomó las cartas restantes y las ordenó prolijamente, guardándolas dentro de su estuche.

Microsano, o el arte de…

Navegando por ahí me encontré con un término algo extraño: “microsano“. ¿Qué es eso, se preguntarán? O tal vez no, tal vez simplemente hayan asumido que se trataba de algún intento de manipulación por parte de las compañías de alimentos macrobióticos para imponer en los consumidores un nuevo estilo de vida que justifique el consumo de sus productos. O tal vez era una nueva terapia que prometía que, para estar realmente sanos debíamos sanar desde lo micro hacia lo macro (de repente me viene a la mente la imagen de una mujer con el cabello teñido de rubio, las uñas muy largas y un delantalcito que deja al decubierto sus generosos implantes… ¿Remember Giselle Rímolo?).

Pero no, se trata de un concurso. ¿Desilusionado? Bueno, tampoco es para tanto. Si quieren saber más, por lo pronto, pueden darse una vuelta por Microsano.

Publicidad, mensaje y responsabilidad

Últimamente, la publicidad no deja de sorprenderme. Especialmente, la destinada a la vía pública. Día a día y cuadra a cuadra me encuentro con productos de lo que deben ser mentes mediocres convencidas sin embargo de su propia creatividad e ingenio, inconcientes por supuesto, y esto no debería siquiera mencionarlo puesto que es demasiado obvio, de todo asomo de algún tipo de responsabilidad social por los mensajes que emiten.

Pensemos en un día tipo. Camino de la estación de subte, me encuentro con un discutible cartel, promocionando una gaseosa. Dos carteles en la serie (al menos son los que vi hasta ahora, aunque no descarto otras “genialidades” de sus autores próximamente). Uno con un mensaje que legitima la discriminación de las personas por su apariencia, al mostrar como práctica normal y aceptada el que nieguen la entrada a un lugar de esparcimiento a una persona por su rostro o su manera de vestirse. La otra, habla del engaño a las abuelas, que bien podría ser considerado una travesura, si no presentara a esta figura familiar como un ser severo, caprichoso y vengativo. Si, lo sé, no es que mi abuela sea santa de mi devoción, pero de ahí a demonizar este personaje familiar hay todo un trecho.

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¡Oh, bendita necesidad!

¿Qué puedo decir? Hoy tengo un terrible dolor de cabeza. Supongo que puedo deberlo a mi contractura de cuello, falta de una cantidad apropiada de sueño y algún que otro peso sobre mis hombros… Muchas tensiones, diría mi madre. En fin, a falta de un musculoso masajista cubierto de aceite, no me queda más que esperar alguna milagrosa panacea comprada en farmacia.

Como de todos modos debo esperar para ello, podría utilizar aquella fórmula de “no hay nada mejor para olvidar un dolor que un dolor más grande”

¿Y que dolor de cabeza más grande en esta hermosa profesión del diseño que un cliente? ¡Oh, bendita necesidad! ¿Por qué nos castigas de este modo? ¿Será que esta profesión sería bella sin este mal necesario que nos azota diariamente? Pero, dirán, ¿acaso se queja de tener clientes? No, por el contrario, desearía tener muchos más, aunque tal vez deba explicarme un poco… No es la cantidad de clientes lo que objeto, sino su calidad.

En muchos foros, weblogs, listas de correo, charlas de café y demás, diseñadores, programadores y desarrolladores cuentan experiencias con “malos clientes”, raza que actualmente, y dada la evidencia, abunda. Repasemos un poco el fenómeno.

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Levantar vuelo

Llovía, como cada tanto sucede en Buenos Aires, sobre todo en los meses de verano. Su bendición traía un poco de fresco para los acalorados habitantes del asfalto.

En el lugar en que se encontraba había ventanas. El viento frío entraba a través de ellas, y su vista podía solazarse con los árboles que se veían al otro lado. También había una vía y entonces recordó que en algún momento le encantaban las vías de tren; antes, mucho antes de que significaran lo que significan ahora.

Antes eran sinónimo de libertad. Hoy, eran sinónimo de muerte y abuso.

¿Cuántos compartían ese sentimiento de vivir encarcelados? ¿Cuántos observaban por sus ventanas? Su musa lo hacía, eso lo sabía, y sabía que se sentía encadenada, pero por otras circunstacias. Ella era capaz de ver al universo en cada esquina, y eso la maravillaba. No tanto porque pudiera hacerlo, sino porque sabía ponerlo en palabras, y ella amaba sus palabras, así como amaba sus mundos. Era conciente de que, si su musa la abandonaba, no sólo la perdería a ella, sino también a sus mundos.

Pero ya no temía eso. De hecho, en ese momento no temía nada.

Cerró sus ojos. Sólo sentía el viento entrando por la ventana y sus ansias de fundirse con ese viento. Las saboreó, se sumergió en ellas. Dejó que crecieran dentro suyo. Sintió la presión en su espalda, el deseo, la urgencia. Su piel desgarrándose limpiamente para dejar salir sus oscuras alas. El dolor que le provocaba era exquisito, orgásmico. Arqueó su espalda. Un gemido escapó de sus labios carnosos.

El viento se hizo suyo. Y ambos fueron uno y se amaron.

Luz y sombra

La observó y su propio corazón se rompió con el de su musa. Aquellas lágrimas que antes no podían salir, presas de la fortaleza de esa alma que carcomían por dentro, habían abierto un desesperado camino ante la sola idea de saberse causantes de tanto daño. Sintió el puñal que había clavado como si hubiese entrado en su propio ser, y sintió la impotencia de no poder revertir el tiempo.

Pero aún así la musa amaba a su ángel y no estaba dispuesta a dejarlo.

Tanta pasión no podía dejar impasible a quien se creía maldito y su interior se abrió como una flor al rocío de la mañana. La luz penetró entonces en su interior, limpiando heridas. Y creando nuevas sombras.

Sus cicatrices eran visibles ahora, su musa podía verlas con claridad. Ella misma podía verlas con claridad, aun sabiendo que no quería hacerlo. Tanto tiempo rodeándose de oscuridad para ocultarse, para ocultar sus manchas, y ahora estaban fuera, ante los ojos de aquella que, con ternura, ignoraba sus golpes y se aferraba a ella a pesar de todo. ¡Cuánta desesperación había en aquellas lágrimas! ¡Cuánta soledad!

Ambas se aferraron mutuamente, con fuerza, sintiendo esa luz que las envolvía, que alejaba al mundo de ellas, solitarias y golpeadas criaturas. Todo lo demás, se fue fundiendo en el olvido.

El canto eterno de la lluvia

La frescura del aire anuncia la llegada de la lluvia. Sin hacerse esperar, una cortina gris cubre la ciudad, lavando sus calles. Su rítmico golpeteo invita a los soñadores, a los intrépidos, a aquellos que tienen un peso en el alma.

Generosa, limpia el espíritu y otorga consuelo al caido ángel que se encuentra distraido, parado bajo sus gotas, ajeno a su entorno, ignorante y a la vez conciente del mundo externo. Sus alas mojadas caen y rozan el suelo. El viento abraza su silueta y desordena sus cabellos de fuego. Parece no notarlo. Sus ojos parecen ver y no ver a la vez, fijos en una distancia imposible, atentos a una realidad invisible. Como si mirasen hacia dentro.

Caen, caen, caen las gotas… Cantan su canción infinita, atemporal, del mismo modo en que lo hicieron y lo seguirán haciendo. La misma lluvia que traía consuelo y frescura a las hediondas calles medievales, que llenaba de barro las coquetas calles coloniales, que cubre los parabrisas de los autos.

Fuera del tiempo, el ángel las ve todas a la vez. Una extraña mezcla de melancolía y paz lo sume en profundas reflexiones sobre la vida, la muerte y la libertad. Sobre su musa y aquella primera noche, en la que descubrió el verdadero significado de la palabra amor, y aquella primera mañana, también lluviosa, en que despertó en sus brazos y descubrió que nunca más se alejaría de ella.

Pasos en la Oscuridad

Luz en la oscuridad, reflejos borrosos en la niebla que marcan, sin embargo, un camino. Susurros en la noche que cuentan una historia de deseo me guían hasta el alma de quien espera. Desesperada, ansiosa por aferrarme de ese brillo aun débil, corro al encuentro de aquel sueño dejado de lado. Podría haberlo olvidado, destrozado, eliminado. Pero elegí sólo dejarlo de lado, aún sin saber que un día marcaría una diferencia.

¿Por qué no tomar lo que siempre quisimos si se nos ofrece generoso?

Siento que me rodea con brazos abiertos, invitantes. Me llama, me espera, me deja ser. Libre al fin, puedo abandonarme al sueño y abrir los ojos sin temor. ¿Cómo temer cuando sus manos firmes me sostienen y sus ojos me hacen la silenciosa promesa de nunca dejarme caer? Por su mirada sé que sabe tan bien como yo cuan pedregoso es el camino que escogimos, cuan solitaria puede ser la marcha y aun así no importa, aun así no me hace dudar.

Mi sueño frágil cobra vida cada noche, y cada noche camino en silencio esa distancia, segura del destino. Segura de encontrar sus ojos al abrir los míos.

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